2007/08/05

Vinieron como golondrinas, de William Maxwell

Lo más seguro es que sea una casualidad, pero dos de los libros que más me han gustado en los últimos tiempos (año y medio, para entendernos) han sido obras de autores cuya principal actividad no era la de escribir, sino la de editar lo que otros escribían. Fue el caso de Los girasoles ciegos, de Alberto Méndez, y lo es ahora de Vinieron como golondrinas, de William Maxwell, quien se ganó la vida revisando los textos de Salinger, Updike o Cheever para la revista The New Yorker.

Con un lenguaje sencillo y libre de florituras, Maxwell recrea un pasaje casi autobiográfico: la llegada de la 'gripe española' al Medio Oeste norteamericano al final de la primera guerra mundial y la forma en la que afecta a una familia de clase media.

Dos son los aspectos que más destacan del libro: uno de lenguaje y otro de estructura. El primero se refiere a la habilidad del autor para la descripción. Si el estilo es sencillo, la profundidad y precisión con la que habla de los objetos, de las habitaciones de la casa o los pensamientos y sueños de los protagonistas es extraordinaria. El lector se ve inmerso en un mundo que no conoce y en una forma de ver las cosas... que, en realidad, son tres.

Porque la historia de Vinieron como golondrinas está contada en tres partes, consecutivas en el tiempo pero narradas desde los ojos de distintos personajes. La novela gira en torno a Elisabeth, una madre de familia que es el centro de la vida y las preocupaciones de sus dos hijos varones y su esposo. La construcción narrativa es brillante y la manera en la que las piezas van encajando, un placer.

Cada uno de los libros/puntos de vista narrativos ayuda a comprender los otros, al tiempo que es matizado por contraposición. Lo único fijo y verdadero es el amor que los tres sienten por Elisabeth y la necesidad que tienen de ella.

Xx