2005/01/24

Buenos días, pereza

Un libro no tiene que resultar denso para decir cosas, pero tiene que decirlas. 'Buenos días, pereza' (Península/Edicions62, 2004), de Corinne Mayer explica en clave de humor cómo funcionan las grandes empresas en Francia y, por extensión, en todo el mundo occidental. La autora acaba recomendando la abstención laboral: vayamos a nuestros trabajos para ganarnos el pan, pero no tratemos de ser productivos. La finalidad sería doble: no volvernos locos al comprobar que no podemos cambiar nada, y destruir la empresa/capitalismo desde dentro.

Mayer, psicoanalista frustrada que estudió económicas, trabajó durante buena parte de su vida laboral en la compañía eléctrica francesa (EDF). Durante ese tiempo comprobó lo que la mayoría de la gente observa en sus empresas: que las estructuras anticuadas permanecen porque se apoyan las unas en las otras, que nadie sabe a ciencia cierta qué es lo que hace la mayoría de la gente, que los individualismos son arrinconados por el grupo, que no hay rebelión (huelgas, conflictos laborales) porque la empresa cede lo justo para evitar la queja de todos sus asalariados... todo ello trufado por simpáticos listados en los que
- Señala los distintos tipos de trabajadores: los seguidores, los molestos y los perezosos (además de los temporales, que son los que realmente trabajan)
- Se burla de la jerga importada del marketing: optimizar, packaging, reportar, feedback, benchmarking, target, merging project...
- Anota ideas para parecer que haces pero no hacer nada: ir de reunión en reunión, salir a los pasillos siempre con una carpeta bajo el brazo o saber hacer vida de pasillo.

El libro-panfleto se lee en cero-coma y provoca una sonrisa (o directamente una carcajada) en buena parte de sus páginas. Pero no deja de ser una enunciación de lo obvio, una forma de darnos una palmadita en la espalda a nosotros mismos, pensando 'si esto ya lo decía yo...'. Queda a años luz de la divertida '13,99' de Frédéric Beigdeger, los comics de Dilbert o la hiriente 'ampliación del campo de batalla' de Michel Houellebecq, obras a las que cita durante este 'Buenos días, pereza' que apunta pero no deja marca.

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